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Sufrió depresión posparto y hoy quiere ayudar a otras mujeres: “Hablar puede salvar la vida”

Foto del escritor: Juan Manuel Vera Visotsky
Juan Manuel Vera Visotsky
31 oct
9 min de lectura

Noelia había deseado ser madre. Después de dar a luz a su hijo atravesó ocho meses con una depresión en la que padeció su maternidad. La importancia de quitar prejuicios sobre la psiquiatría y la comunidad para atravesar el tratamiento.


El día en el que sintió que no daba más, Noelia terminó de almorzar y dejó el cuchillo para cortar verduras arriba de la mesada. Lucas, su novio, se había ido a la una de la tarde a trabajar y regresaba a las nueve de la noche. Salvador, su hijo de ocho meses, dormía una siesta en la cuna en su habitación. Era el momento indicado. Quizás su propio cuello sería suave, pensó. O más bien duro por fuera y blando por dentro. ¿Podría con ese cubierto completar esa tarea?


Mientras planificaba, se preguntó por qué había cambiado tanto su sentir. Era como si se tratara de otra Noelia. "El bebé está bien con el padre. Va a estar bien", se autoconvenció. Sólo quedaba tomar el cubierto por el mango blanco, pero Noelia rompió en llanto. Pensó en su mamá, en la tristeza y la desazón que a los casi 80 años le haría sufrir su muerte. No le podía hacer eso a ella, recuerda, es la mujer de su vida. En su peor momento, la maternidad la trajo de vuelta. Pero no la propia, sino la ajena. Llamó a Lucas por teléfono y por fin pudo decirlo: “No puedo más, Lu”. 


¿De dónde había salido todo ese malestar interno? ¿Por qué algunos días no podía siquiera ver a su bebé? Todas esas y otras preguntas incómodas derivaban en otro sentimiento insoportable: la culpa. Pensaba y se sentía “mala mina” por ese sentir. Hasta ese momento, para ella una depresión era algo inimaginable, imposible, algo que sufren otras personas. 


Noelia, Lucas, Salva y la depresión 


Noelia y Lucas se conocieron por Facebook. Tenían una amiga en común. Él la agregó, y a los pocos meses de comenzar a hablar ya estaban conviviendo y planificando ser padres. El embarazo sucedió unos años después, en 2020. Estaban conviviendo junto a la madre de ella. Transcurrió el embarazo sin más complicaciones que las que trajo la cuarentena por el COVID-19. Salvador nació el 8 de agosto, curiosamente el mismo día que Lucas le había mandado solicitud cuatro años antes. El día del nacimiento, en la sala del hospital de la ciudad de La Plata estaban ella y Lucas además del equipo médico. Cuando le pusieron al bebé en el pecho Noelia no lloró. Su hijo si. Lucas también. ¿Dónde había quedado el deseo de maternar? ¿Qué pasó con la alegría que sentía cuando se imaginaba madre? 



Ya de vuelta en su casa sintió un extrañamiento de sí misma. En una consulta ginecológica que tuvo en las primeras semanas, mencionó estar sintiéndose mal de ánimos. “Es algo pasajero, es normal”, le dijo el médico luego de corroborar que el cuerpo no registraba nada fuera de lo común. Pero había cosas que no contaba: había perdido el disfrute por todo lo que antes la motivaba. Incluso ya no sentía deseo sexual ni  quería salir a correr varias veces por semana como antes lo hacía. 


Tampoco pudo soportar vivencias nuevas que pensaba que iba a disfrutar, como darle la teta a su hijo. A las pocas semanas de vida de Salvador, le planteó al médico que no quería amamantar, decisión que dio lugar a otro problema: acostumbrar al bebé a la mamadera. Tampoco fue tarea fácil para ella. Cuando lloraba porque no quería mamadera, Noelia se frustraba hasta llegar al llanto e incluso perdía el control.     


Un día, Lucas terminó como cada día su jornada de ocho horas de trabajo a las nueve de la noche. Al llegar a su casa se encontró con su pareja llorando desconsolada y gritándole al bebé. Sin perder la calma, Lucas envolvió al bebé entre sus brazos, le pidió a Noelia que se fuera  a bañar, que se acostara y lo dejara a él encargarse del bebé. La escena se repitió varias veces hasta volverse cotidiana. El refugio de Salvador durante su primer año de vida fue su papá. 


Noelia, a causa del deterioro de su salud mental, concluyó que quizás sería mejor que ella no estuviera. El día que Lucas recibió el llamado de Noelia para que la ayude no podía creer lo que escuchaba. Inmediatamente pidió licencia laboral por ese día y lo que quedaba de la semana.  La psicóloga y la psiquiatra citaron a Lucas para explicarle que el tratamiento farmacológico consistía en varias medicaciones. Luego de conversar con ella, la psiquiatra propuso un abordaje específico para ella en ese momento y ese contexto –no significa que todas las Depresiones post parto -DPP- deban tratarse del mismo modo–: en primer lugar, para estabilizar el sueño, le recetó carbamazepina, un fármaco que se usa sobre todo como anticonvulsivo y estabilizador del ánimo, que baja el volumen de la actividad eléctrica excesiva del cerebro. Para levantar la depresión a largo plazo empezó a tomar sertralina, un antidepresivo cuyo efecto completo suele tardar entre 2 y 4 semanas en aparecer y que trabaja aumentando la disponibilidad de serotonina, una sustancia química del cerebro relacionada con el estado de ánimo, el sueño y el apetito. En el caso de Noelia, se comenzó con una dosis alta que luego hubo que bajar porque la exaltaba demasiado. Por último, le dio un tercer medicamento ansiolítico como refuerzo para dormir por la noche: clonazepam. 


El tratamiento duró dos años, desde 2021 hasta 2023. Anteriormente, Noelia tenía el prejuicio y el miedo de “vivir toda la vida medicada” o de “ser la mamá psiquiátrica”. Hoy lo ve como un aliado momentáneo de un tiempo determinado, una herramienta para bajar y resolver. Quitar prejuicios fue otro tema que charló largamente con su psicóloga, quien le explicó que el objetivo de la medicación era “trabajar sin llorar en todas las sesiones”. A la par de la recuperación comenzó a entrenar para correr maratones, actividad que aún conserva. 


La Depresión Posparto y el duelo de identidad 


La depresión postparto -DPP- es una patología que está subestudiada y subregistrada en el seguimiento de los embarazos. Suele expresarse entre las cuatro y seis semanas tras el parto, pero puede aparecer a lo largo del primer año de vida del bebé. En su informe de 2022 sobre salud mental perinatal, elaborado con datos de la OMS, el entonces ministerio de Salud nacional estimó que una de cada siete mujeres que gestaron padecieron  depresión, ansiedad u otro trastorno posparto. La cifra asciende hasta una de cada cinco en países de ingresos bajos y medios. Los orígenes y causas suelen combinar factores hormonales y psicológicos –la idealización social de la maternidad, la adaptación a un rol nuevo– y sociales. Personas con antecedentes de depresión, poco apoyo social, conflictos de pareja, bajos ingresos o complicaciones obstétricas son más propensas a padecer depresión postparto. Se distingue de la tristeza posparto, un bajón anímico leve y pasajero que aparece dentro de los primeros 10 días por el impacto hormonal que conlleva el trabajo de parto en el cuerpo de la mujer. Son muy comunes en la DPP los pensamientos intrusivos de daño al bebé, los que no implican en casi ningún caso un deseo real de lastimarlo y generan mucha culpa. 


Luego del tratamiento, la psicóloga le dijo a Noelia que arrastraba una depresión crónica leve, también llamada “depresión funcional”. Se trata de que la persona puede hacer vida normal mientras en su cabeza persiste un malestar crónico que se expresa en baja energía, desgano para actividades que en general generan placer o bienestar, angustias profundas breves y llantos espontáneos sin razón aparente. Noelia cuenta en diálogo con No está solo en tu cabeza que desde su adolescencia tenía baja autoestima y angustias muy profundas con las que simplemente convivía sin tratar en terapia. Con el impacto hormonal del parto este malestar se potenció hasta derivar en una depresión profunda postparto.    

 

Además dice que la maternidad le conllevó un duelo marcado por la gestación y el parto. “Nace otra versión tuya. Una ya no es la misma. Entrás en otra etapa de la vida. No dejás de ser vos, pero sí pasa a ser una parte importante de tu identidad el ser mamá”, resume. Reflexiona también que el silencio a la hora de expresar ese malestar con la maternidad se debe a la vergüenza. Incluso menciona la dificultad que implicó decirlo luego de haberlo buscado. Algunas cosas no eran como las había imaginado y muchas otras las había idealizado. Un método para disipar esa vergüenza, dice, es ponerlo en palabras:  “Tan simple y tan complejo como eso”.  


“Conversar esas sensaciones de duelo con otras mujeres ayuda mucho”, dice. Es por eso  que el intercambio con gente que atravesó y atraviesa vivencias similares la ayuda a “concientizar y quitar estigmas”. Ese fue el primer paso para generar una red de de personas apoyo.   

 

El rol de Lucas fue central en su recuperación. Después que Noelia recibió el alta, fue él quien empezó terapia. Conectar con Salvador le llevó a la mujer dos años y en ese camino el padre fue quien ocupó el lugar que ella no podía. Las personas que acompañan a quienes tienen padecimientos de salud mental también necesitan ayuda y contención, algo que muchas veces queda obviado. Noelia destaca también a su mamá, que hoy tiene  82 años, como alguien central en su proceso y su vida en general.  


Salva y el grupo de ayuda para DPP


En un café de La Plata con ladrillo a la vista y sillones, Noe está vestida con una remera negra con la palabra “Salva” estampada. Es el nombre del emprendimiento de ropa que tienen con Lucas. En los parlantes del lugar suena “La Hija de la Lágrima” de Charly García. Antes de la entrevista fue a retirar Salvador al jardín para llevarlo a jugar al fútbol. 


Además del emprendimiento de ropa, Noelia se dedica también al coaching deportivo y desde 2025 es columnista en un streaming los domingos, donde habla de maternidad. Una de sus compañeras de programa trabaja como doula,  un oficio que consiste en acompañar mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, tanto en lo emocional y psicológico como en tareas de hogar en caso de ser necesario. “Es algo parecido a lo que era la comadrona de antes, que te ayudaba en tu casa con tareas del hogar y de cuidado”, ejemplifica. Cuando descubrió la existencia de este oficio, Noelia comenzó a idear un grupo de ayuda a mujeres que sufran  DPP, y que incluya personas que hagan de doulas, pero también que sean  intermediarias con profesionales de salud mental como terapeutas y psiquiatras. 


Le interesa difundir su historia de recuperación y experiencia, para que otras mujeres sepan que “hay salida incluso en los peores momentos”. En otras palabras, se trata de crear el espacio que ella no tuvo y le hubiera sido de mucha ayuda tener: el testimonio y el oído de otras mujeres que vivieron lo mismo, que la contuvieran y le compartieran  herramientas para salir adelante. “Tener alguien con quien puedas hablar y decirle lo que tengas para decir sin sentirse juzgada. Si sentís cosas como ‘no quiero a mi hijo’, ‘no me quiero bañar’ puede ser solo un sentimiento pasajero o un síntoma de otra cosa”, explica. Y aclara que “es importante buscar ayuda y des-idealizar la maternidad; porque a veces esa idealización trae presiones escondidas”.. 



Por otro último, Noelia se refiere a los padecimientos de salud mental en relación con el entorno: “no hay ninguna duda de que es un problema social y colectivo” influido por “la parte económica y dónde te toca nacer”. En ese sentido menciona que “cada una y cada uno lo vive de forma distinta, ahí es donde se individualiza. Pero si se aborda de forma colectiva es mucho más fácil de resolver”. Al ser consultada sobre qué le diría a alguien que esté atravesado lo mismo que ella luego de parir responde: “Que hable, que no tenga vergüenza de lo que siente, que poner lo que siente en palabras la va a ayudar a ella misma y a mucha gente. Si pudo salir adelante, que comparta qué le sirvió. Hablar salva”.


Hoy Salvador sabe que su mamá estuvo mal de salud durante un tiempo, que “se medicó” y que “ahora está bien”. “Siempre tratamos de irle con la verdad y amorosamente”, explica Noelia y dice que su hijo hoy se ríe cuando su mamá habla fuerte y le recuerda que a él le gritaba. Si bien la psicóloga le explicó que los bebés no tienen registro de memoria hasta el año, ella en el fondo cree que algo quedó de ese período en la memoria de su hijo. De todos modos, lo que más le repite Salvador a su mamá es que es “una mamá re buena” por una razón: cuando llueve lo deja salir afuera y saltar en los charcos. Le inculca el deporte, sobre todo el fútbol, y a veces él la acompaña a meditar.   


“No le ocultamos los problemas de salud mental que tuve. Es importante explicarle amorosamente a las infancias, de esa forma ellas lo entienden y lo asimilan”, dice Noelia sobre el comentario de su hijo, y agrega: “Solo espero que si algún día le pasa algo similar pueda hablar”.



 
 
 

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